Sistema inmunitario: qué es, cómo funciona y cómo fortalecerlo

Sistema Inmunitario
Revisión técnica: Iñigo Uriarte Pueyo (Director Técnico de Sura Vitasan) Fecha: 9 Noviembre 2023
Sistema inmunitario: qué es, cómo funciona y cómo fortalecerlo

Tabla de contenidos

El sistema inmunitario protege al organismo frente a virus, bacterias y otros agentes externos. No se limita a atacar infecciones”: su función es reconocer amenazas, responder de forma proporcionada y volver a la normalidad cuando el episodio se resuelve. Cuando el sueño, el estrés o la alimentación se desajustan, esta regulación puede alterarse y aparecen más infecciones o una recuperación más lenta.

Muchas personas buscan cómo fortalecer el sistema inmunitario cuando perciben defensas bajas, pero antes de intentar “estimularlo” conviene entender cómo funciona realmente.

Cuando este sistema está bien regulado, suele pasar desapercibido. Cuando no lo está, pueden aparecer infecciones más frecuentes, recuperación lenta o una sensación persistente de “no estar del todo bien”.

En esta guía se explica qué es el sistema inmunitario, cómo se organiza, qué señales sugieren que algo no va fino y qué hábitos influyen de verdad en su funcionamiento, sin promesas simplistas ni mitos sobre como “aumentar las defensas”.

Qué es exactamente el sistema inmunitario

Para entender el sistema inmunitario conviene dejar clara una idea: no es un “órgano” único, sino una red de células, tejidos y moléculas que trabajan coordinadamente para proteger al organismo. Incluye glóbulos blancos, proteínas señalizadoras, órganos como la médula ósea, el bazo o los ganglios linfáticos, y barreras como la piel y las mucosas. Todo ello funciona de forma integrada para mantener la seguridad interna.

En la práctica, su función se resume en tres tareas clave:

  1. Reconocer lo que puede ser peligroso (virus, bacterias, toxinas, células anómalas).
  2. Responder con la intensidad adecuada (ni corta, ni desbocada).
  3. Apagar la respuesta y reparar tejidos cuando el episodio termina.

Esto explica por qué hablar de “estimular” defensas no siempre es deseable. En muchas personas el reto no es falta de respuesta, sino mala regulación.

Cómo funciona el sistema inmunitario

Sistema Inmunitario en Equilibrio

El sistema inmunitario actúa en capas. Primero intenta impedir la entrada. Si algo entra, reacciona rápido. Si el problema se mantiene, afina la respuesta y genera memoria. Esta secuencia ayuda a entender por qué algunas infecciones se cortan en horas y otras duran días.

Barreras: la primera línea que casi nadie ve

Antes de pensar en “defensas”, conviene mirar lo básico. El organismo tiene barreras que funcionan como un filtro continuo:

  • Piel: barrera física y química.
  • Mucosas (nariz, garganta, intestino): atrapan y neutralizan.
  • Ácido gástrico: reduce muchos microorganismos ingeridos.
  • Microbiota: compite con patógenos y modula la respuesta inmune.

Cuando estas barreras se alteran (por ejemplo, sueño insuficiente, estrés sostenido, infecciones repetidas, dieta pobre, ciertos fármacos), el sistema “de dentro” tiene que trabajar más y es más fácil notar fragilidad.

Inmunidad innata: respuesta rápida y “de emergencia”

Si un patógeno supera las barreras, entra en juego la inmunidad innata, diseñada para actuar en horas. Es como un equipo de intervención rápida: no identifica “quién eres exactamente”, sino “esto parece peligroso”.

Suele expresarse así:

  • Inflamación local (enrojecimiento, calor, dolor) como forma de contener.
  • Fiebre (a veces) como estrategia fisiológica de defensa.
  • Cansancio como señal de ahorro energético y priorización de recursos.

La innata es útil, pero si se activa demasiado o demasiado tiempo, puede traducirse en inflamación persistente o sensación de agotamiento prolongado.

Inmunidad adaptativa: precisión y memoria

Si el problema persiste, el cuerpo activa la inmunidad adaptativa, que es más lenta al inicio, pero más específica. Aquí aparecen los linfocitos, anticuerpos y la memoria inmunológica.

Para verlo con claridad:

Característica

Inmunidad innata

Inmunidad adaptativa

Velocidad

Rápida (horas)

Más lenta (días al inicio)

Especificidad

General

Muy específica

Memoria

No

Objetivo

Contener rápido

Eliminar con precisión y recordar

Esto explica por qué ciertas infecciones “se pasan” y otras dejan una protección más duradera.

Cuando alguno de estos mecanismos pierde coordinación o se ve sometido a sobrecarga, el sistema puede responder con menor eficacia o de forma desregulada. Es ahí donde comienza la percepción de “defensas bajas”.

Por qué se debilita el sistema inmunitario

El sistema inmunitario rara vez se debilita por una sola causa. Lo habitual es que varios factores se acumulen y reduzcan su capacidad de respuesta o alteren su regulación.

Entre los desencadenantes más frecuentes se encuentran:

  • Sueño insuficiente o irregular, que afecta a la coordinación de la respuesta inflamatoria y a la memoria inmunológica.
  • Estrés sostenido, que mantiene activados los sistemas hormonales de alerta y dificulta la recuperación.
  • Déficits nutricionales, especialmente cuando existe falta de proteína o micronutrientes esenciales.
  • Enfermedades crónicas o inflamación persistente, que consumen recursos fisiológicos.
  • Exceso de ejercicio sin descanso adecuado, que puede generar vulnerabilidad temporal.
  • Tratamientos médicos inmunosupresores, cuando están indicados por patología previa.

Es importante entender que “debilitado” no siempre significa incapaz de responder. A veces el problema no es la fuerza, sino la regulación: una respuesta demasiado lenta o, por el contrario, exagerada.

Por eso, antes de buscar cómo fortalecerlo, conviene identificar qué factores del estilo de vida o del contexto clínico pueden estar influyendo.

Inmunidad baja vs inmunidad hiperreactiva

Otra confusión típica es pensar que “si hay síntomas” siempre hay falta de defensas. A veces ocurre lo contrario: el sistema responde con demasiada intensidad. Por eso es útil diferenciar escenarios:

equilibrio-sistema-inmunitario-insuficiente-exceso

Situación

Qué ocurre

Ejemplos

Inmunidad baja

Respuesta insuficiente o lenta

Infecciones repetidas, mala recuperación

Inmunidad hiperreactiva

Respuesta desproporcionada

Alergias estacionales, reacciones exageradas

Desregulación

Pérdida de tolerancia o control

Inflamación persistente, algunas autoinmunidades

Esto cambia el enfoque: no siempre se busca “subir”, sino equilibrar.

Señales de que el sistema inmunitario puede estar debilitado

Aquí conviene ser concreto: no existe un “test casero” definitivo de defensas. Lo que orienta es el patrón. Un resfriado puntual no significa debilidad. Lo relevante es la repetición, la intensidad y la recuperación.

Señales que justifican prestar atención:

  • Infecciones respiratorias frecuentes (más de lo habitual para esa persona).
  • Duración más larga de cuadros comunes o sensación de “no terminar de recuperar”.
  • Aftas recurrentes o procesos cutáneos repetidos.
  • Infecciones urinarias repetidas (sobre todo si se encadenan).
  • Fatiga persistente tras infecciones leves.

Tras esta lista, la pregunta clave es: ¿es algo nuevo respecto a otros años? Si el patrón cambia, no conviene normalizarlo sin más.

Factores que influyen en el funcionamiento del sistema inmunitario

Factores que influyen en el sistema inmunitario

El sistema inmunitario no funciona de forma aislada. Su eficacia depende de hábitos diarios y del contexto fisiológico. Estos factores influyen tanto en la frecuencia de infecciones como en la capacidad de recuperación.

Sueño

El sueño no es descanso pasivo: es un periodo de regulación. Dormir poco o mal durante semanas se asocia a peor respuesta frente a infecciones y a mayor inflamación basal. El descanso nocturno participa en la producción de citoquinas y en la coordinación entre inmunidad innata y adaptativa. Cuando el sueño se fragmenta durante semanas, esta regulación pierde eficiencia.

Claves prácticas que suelen marcar diferencia:

  • Horario relativamente estable
  • 7–8 horas como objetivo realista en adultos
  • Reducir pantallas y luz intensa en la última hora

En muchas personas con infecciones repetidas, el primer ajuste eficaz no es un suplemento, sino recuperar la regularidad del sueño.

Estrés sostenido

El estrés puntual no “apaga” defensas. El problema es el estrés crónico, cuando el organismo se queda en modo activación y no recupera. Eso puede afectar a la regulación inmune y al equilibrio inflamatorio. La elevación mantenida del cortisol puede alterar la comunicación entre células inmunitarias y favorecer una respuesta menos eficiente o más desregulada frente a infecciones.

Señales de estrés sostenido que suelen coexistir con fragilidad:

  • Sueño fragmentado
  • Irritabilidad o “cabeza acelerada”
  • Fatiga con dificultad para desconectar

Alimentación y estado nutricional

El sistema inmunitario necesita energía y nutrientes específicos para funcionar correctamente.. Si faltan, responde peor. La activación inmunitaria es un proceso metabólicamente costoso: producir anticuerpos, citoquinas y células defensivas requiere proteínas, micronutrientes y suficiente disponibilidad energética.

No se trata de “comer perfecto”, sino de cubrir bases:

  • Proteína suficiente. Los anticuerpos y muchas células inmunitarias están formados por proteínas, por lo que una ingesta insuficiente puede limitar la respuesta defensiva.
  • Variedad de vegetales y fibra. Aportan vitaminas, minerales y compuestos bioactivos que apoyan la función inmune y favorecen una microbiota diversa.
  • Grasas de calidad. Los ácidos grasos adecuados participan en la modulación de la inflamación y en la estructura de las membranas celulares.

Hidratación adecuada. Un buen estado de hidratación mantiene la función de mucosas y facilita el transporte de nutrientes y células inmunitarias. Cuando esto falla, se vuelve más probable que aparezcan déficits que impacten en energía e inmunidad.

Microbiota intestinal

Una parte importante del sistema inmune se regula en el intestino. La microbiota participa en la llamada tolerancia inmunológica, ayudando al organismo a distinguir entre lo que debe atacar y lo que debe aceptar sin generar inflamación innecesaria. Por eso, el estado digestivo influye tanto en la regulación inflamatoria como en la percepción de mayor o menor fragilidad inmunitaria.

Actividad física

El movimiento moderado suele mejorar la regulación inmune. El ejercicio regular favorece una mejor modulación inflamatoria y una recuperación más eficiente, mientras que el sobreentrenamiento sin descanso puede generar una inflamación transitoria que aumente la vulnerabilidad.

En cambio, el entrenamiento intenso mantenido sin recuperación suficiente puede aumentar temporalmente la susceptibilidad a infecciones.

Tipo de ejercicio

Efecto más probable

Moderado y constante

Apoyo regulador

Muy intenso y frecuente + poco sueño

Vulnerabilidad temporal

El punto no es “hacer más”, sino hacerlo de forma sostenible.

Cómo fortalecer el sistema inmunitario de forma coherente

Mejorar el funcionamiento del sistema inmunitario implica optimizar su regulación, no forzar su activación. En la mayoría de los casos, los cambios más eficaces son estructurales y sostenidos en el tiempo.

Lo más útil suele ser:

  • Priorizar el sueño (regularidad y calidad). Dormir 7–8 horas con horarios estables favorece la producción coordinada de citoquinas y la memoria inmunológica.
  • Añadir luz natural y movimiento diario. La luz matinal y el ejercicio moderado mejoran la regulación inflamatoria y la circulación de células defensivas.
  • Asegurar alimentación suficiente (sin saltos y sin vivir a café). La activación inmunitaria requiere energía, proteínas y micronutrientes que deben aportarse de forma regular.
  • Reducir estrés sostenido con rutinas de recuperación. 

El cortisol elevado de forma crónica puede desregular la respuesta inmune si no existen pausas reales de recuperación. Si se ordenan estos pilares 2–4 semanas, muchas personas notan menos infecciones o mejor recuperación.

Apoyo nutricional

Los complementos pueden ser un apoyo útil cuando existe una necesidad concreta y están bien indicados por un profesional. No sustituyen los hábitos básicos, pero sí pueden ayudar si hay déficits o situaciones específicas. 

En algunos casos, puede valorarse:

El suplemento puede ser útil cuando responde a una necesidad concreta y está bien indicado. Utilizarlo sin valoración previa rara vez modifica de forma significativa la regulación inmunitaria.

Cuándo acudir a un profesional de la salud

Este apartado evita errores frecuentes: atribuir todo a “defensas bajas” sin comprobar causas tratables. Conviene consultar si ocurre alguno de estos escenarios:

  • Infecciones repetidas que aumentan claramente respecto a años previos
  • Fiebre recurrente sin explicación
  • Pérdida de peso involuntaria
  • Fatiga persistente más de 6 semanas
  • Síntomas intensos que limitan la rutina

Qué puede valorar el profesional

En función del caso, puede solicitar una analítica básica (por ejemplo, hemograma, ferritina, función tiroidea, parámetros metabólicos) para descartar causas frecuentes antes de concluir que el problema es “solo inmunidad”.

Preguntas frecuentes sobre el sistema inmunitario

  • 1. ¿Cómo saber si tengo el sistema inmunitario bajo?

No existe una prueba casera que permita saber con exactitud si el sistema inmunitario está bajo. Lo que orienta es el patrón clínico: infecciones más frecuentes de lo habitual, recuperación lenta o cuadros que se encadenan sin terminar de resolverse. Si estos cambios aparecen respecto a años previos, conviene valorar con un profesional una analítica básica antes de asumir que se trata de “inmunidad baja”.

  • 2. ¿Qué síntomas indican defensas bajas?

Los síntomas que pueden sugerir defensas bajas incluyen infecciones respiratorias repetidas, aftas frecuentes o recuperación lenta tras procesos leves. En muchas personas con infecciones repetidas un resfriado ocasional no indica debilidad. Lo relevante es la repetición, la duración y el impacto en la vida diaria.

  • 3. ¿Qué vitamina es mejor para fortalecer el sistema inmunitario?

No hay una vitamina única que fortalezca el sistema inmunitario por sí sola. La vitamina D, el zinc y ciertas vitaminas del grupo B participan en la función inmune, pero solo son útiles si existe déficit o necesidad específica. Tomarlas sin indicación no garantiza beneficio y no sustituye hábitos como sueño adecuado o alimentación equilibrada.

  • 4. ¿Dormir poco debilita el sistema inmunitario?

Sí. La privación crónica de sueño se asocia a peor respuesta frente a infecciones y a mayor inflamación basal. El descanso regula la memoria inmunológica y la coordinación de la respuesta inflamatoria.

Dormir 7–8 horas con horario regular suele ser una de las medidas más eficaces para mejorar la regulación inmune.

  • 5. ¿El estrés afecta a las defensas?

El estrés puntual no suele tener impacto relevante. El problema es el estrés sostenido, que mantiene activado el sistema hormonal de alerta y puede alterar la regulación inmunitaria. Cuando se combina con mal sueño y fatiga, aumenta la sensación de vulnerabilidad.

  • 6. ¿El ejercicio fortalece o debilita el sistema inmunitario?

El ejercicio moderado y constante favorece la regulación inmunitaria. Sin embargo, el entrenamiento muy intenso sin descanso adecuado puede generar una vulnerabilidad temporal frente a infecciones. El equilibrio es más importante que la intensidad.

  • 7. ¿La microbiota influye en el sistema inmunitario?

Sí. Una parte importante de la regulación inmunológica ocurre en el intestino. La microbiota participa en la tolerancia inmunológica y en el control de la inflamación. Alteraciones digestivas persistentes pueden formar parte del contexto cuando se percibe mayor fragilidad inmunitaria.

  • 8. ¿Se puede “subir las defensas” rápidamente?

No de forma realista. El sistema inmunitario no funciona como un interruptor. Lo que suele mejorar su rendimiento es la regularidad en hábitos durante varias semanas. Las soluciones rápidas rara vez producen cambios sostenidos.

  • 9. ¿Cuándo debería preocuparme por mi sistema inmunitario?

Si aparecen infecciones repetidas que aumentan claramente respecto a años anteriores, fiebre recurrente sin causa clara, pérdida de peso involuntaria o fatiga que dura más de 6 semanas, conviene valoración médica. Antes de atribuirlo a “defensas bajas”, es prudente descartar causas tratables.

  • 10. ¿Puede el sistema inmunitario estar demasiado activo?

Sí. En algunos casos el problema no es debilidad, sino hiperreactividad. Esto ocurre en alergias o en ciertas enfermedades autoinmunes, donde la respuesta es desproporcionada.Por eso, el objetivo no siempre es estimular, sino regular.

Conclusión

El sistema inmunitario no se “sube” con un truco ni con una intervención aislada. Es una red compleja que depende del equilibrio entre sueño, nutrición, microbiota, estrés y actividad física. Cuando estos pilares están ordenados, la respuesta inmune suele mantenerse estable sin necesidad de estímulos artificiales.

Más que buscar cómo estimular las defensas, el enfoque coherente consiste en favorecer su regulación. En la mayoría de los casos, mejorar hábitos durante varias semanas tiene un impacto mayor que cualquier solución rápida.

Cuando el patrón de infecciones cambia, la recuperación se prolonga o aparecen síntomas persistentes, lo prudente es realizar una valoración médica para descartar causas tratables y evitar atribuir todo de forma simplista a una supuesta “inmunidad baja”.

 

Doctor en Farmacia en el Departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica de la Universidad de Navarra.

Responsable de la Dirección Técnica de Sura Vitasan